Su ha ri

Tengo un listado de temas que voy abordando según mi disponibilidad. Son de mi interés bien por su novedad (para mi), bien por ser importantes para la progresión en la práctica, o bien porque, por alguna razón, me producen cierta resonancia. Normalmente voy recopilando información y una vez pienso que lo he madurado lo suficiente, me lanzo a la aventura de intentar escribir algo con sentido. Como podéis imaginar hay asuntos más y menos complicados. El tema de hoy es de los primeros. De hecho, lleva en pendientes más de una década.
Entrando en materia, shuhari, 守破離 (しゅはり), es un sustantivo japonés que hace referencia a las tres fases por las que se supone que pasa todo aquel que desea alcanzar la maestría en un arte. Estas serían la obtención de los fundamentos propios del arte, romper con la tradición y crear su propia técnica. Como cabría esperar, los caracteres que las representan van en ese sentido: 
  • 守 (シュ,  shu), que puede significar proteger, defender, guardar u obedecer
  • 破 (ハ, ha), que puede significar rasgar, desgarrar, romper, destrozar, derrotar o frustrar.
  • 離 (リ, ri), que puede significar separar, desconectar, desunir o desviarse.
La primera vez que me encontré con esta cuestión fue durante la lectura del libro de mi estimado Pascal Krieger, la vía del bastón, hace algo más de dos décadas. Copio aquí debajo de este párrafo la traducción íntegra de ese capítulo. Recuerdo que por estar rodeada de tanto concepto novedoso para mi, no fui capaz de dedicarle la reflexión que se merecía y la idea que me quedó fue la de la progresión esperable en todo aquel que se inicia en alguna actividad compleja que requiera algo de esfuerzo.

15 — Shû-Ha-Ri (obedecer–romper–alejarse)

Es el ciclo natural del aprendizaje, la práctica y la maestría.

La etapa SHÛ

Un hombre que desea aprender un oficio busca a alguien que pueda iniciarlo en ese arte. Cuando lo ha encontrado, acepta libremente someterse a las leyes del oficio y, dado que no domina nada, deposita toda su confianza en su maestro. Desde el principio, muestra una gran deferencia y se somete a realizar tareas que, en ocasiones, no guardan relación directa con lo que ha venido a aprender. Pronto se da cuenta de que su maestro le está mostrando mucho más de lo que exige simplemente el oficio que ha venido a aprender. El maestro quiere ver las cosas hechas de una manera determinada y con un estado de ánimo bien definido. Antiguamente, el maestro solía ser elegido por el padre del muchacho. A partir de ese momento, se entendía que la continuación de la educación del joven quedaba en manos del maestro. En casos excepcionales, esto sigue siendo así.

En el Budô, esta primera etapa se llama SHÛ (proteger, obedecer). El joven gyōsha elige a un maestro, o, más habitualmente, es elegido por él. A partir de ese momento, el alumno se someterá sin reservas a los principios de la tradición. Su experiencia no será muy distinta a la del joven aprendiz. Sin embargo, el aspecto educativo tendrá más peso que el aspecto técnico. Las diversas tareas que se verá obligado a realizar a veces le parecerán no guardar relación alguna con las disciplinas marciales, y sin embargo será precisamente el estado de ánimo con el que se aplique a esas tareas lo que el maestro querrá poner a prueba. Además, se esperará de él que "proteja" el conocimiento técnico que va adquiriendo, absteniéndose de formar una interpretación personal y aplicando las técnicas con la máxima precisión. El joven aprendiz irá desarrollando progresivamente las cualidades del jūnanshin (espíritu flexible), del que ya hemos hablado.

En un campo como el Budô, esta primera etapa puede durar de tres a cinco años. Tras este periodo, el aprendiz o gyōsha tendrá una base sólida en su oficio o arte, pero todavía no contará con experiencia práctica.

La etapa HA

El aprendiz es ahora un técnico cualificado y debe vivir sus propias experiencias. El maestro le pedirá que se marche para practicar lo que le ha enseñado en otros lugares y para enfrentarse a nuevas dificultades. No habrá nadie que valore su trabajo ni que le dé consejos. Moviéndose entre personas que no le conocen, tendrá siempre que demostrar su valía. Esta experiencia, muy dura al principio, acabará por darle una cierta confianza en su capacidad. A la vez que aplica su experiencia pasada, aprenderá nuevas técnicas y conocerá a personas con un enfoque diferente del oficio. Su conocimiento aumentará a medida que madure su experiencia. Aunque haya desarrollado un estilo personal, este seguirá estando fuertemente influido por la enseñanza de su maestro.

En el Budô, este periodo se llama HA (ruptura). Es el momento en que el aprendiz decide dejar el dōjō para ir a poner a prueba su competencia en otras tradiciones. Esta experiencia, llamada musha shugyō (austeridades del guerrero), está llena de dificultades. Los retos son numerosos y las experiencias de aprendizaje, dolorosas. Sin embargo, a través de la actitud del alumno, es al maestro a quien se juzgará. El alumno ha permanecido fiel, en espíritu, a su maestro, y es consciente de que es, en cierto modo, su representante ante el mundo. Tras aumentar y enriquecer largamente su conocimiento, adquirirá una gran confianza en sí mismo y desarrollará su propia técnica. Tendrá, por fin, su propia idea del arte que practica. Este periodo puede durar de diez a veinte años, o más.

Es posible que el antiguo alumno haya superado al maestro, al menos en el terreno técnico. Si es así, el maestro extraerá sus propias lecciones de ello y se enorgullecerá de haber sido el punto de partida de una vocación tan destacada.

En ese momento, convertido él mismo en maestro, el antiguo alumno se liberará de sus obligaciones para con su maestro —conservando, aun así, todo el respeto y la gratitud debidos por haberle dado las bases sólidas sobre las que construir su propio estilo—. Ya no tiene que rendir cuentas a nadie más que a sí mismo.

La etapa RI

La etapa RI es la consecuencia natural de las dos primeras. El artesano o shugyōsha puede regresar junto a su maestro para ser su asistente o sucederle al frente de la empresa o del ryū. Pero, más a menudo, debido a sus propias experiencias personales, querrá hacer lo suyo, crear un estilo personal basado en sus propias ideas.

En un sentido más general, el niño se encuentra en la etapa SHÛ hasta la adolescencia. Todo lo que le dicen sus padres refleja la única verdad que conoce; obedece. En la adolescencia, entra en la etapa HA. Rompiendo su molde, vive sus propias experiencias fuera del núcleo familiar. Las diferentes ideas y las nuevas influencias que le atraen suelen estar en oposición con las ideas que aprendió en la etapa SHÛ. Después, a su vez, funda una familia. Su estilo de vida es, en general, diferente al de sus padres. Se encuentra en la etapa RI, y puede supervisar la etapa SHÛ de su propio hijo.

Cuando alguien quiere ahorrarse pasos, crea automáticamente una serie de problemas que se suman a las ya abundantes dificultades de cada etapa.

Un proverbio japonés relativo al concepto de seishin tanren (forja de un espíritu puro), tan querido por los practicantes de Budô, ilustra bastante bien lo anterior:

"En el Budô, hacen falta mil días para aprender (la técnica), diez mil días para pulirla; y la diferencia entre la victoria y la derrota es cuestión de fracciones de segundo."

Solo al cabo de esos treinta y tres años puede comprenderse el concepto de la etapa RI, y es entonces cuando resulta posible transmitir un conocimiento rico y global.

Conclusión

La progresión natural expresada en la noción de Shû-Ha-Ri se encuentra en las esferas más diversas, desde la más insignificante hasta la más global. El niño que aprende a cortar leña junto a su padre tendrá que copiar sus movimientos (SHÛ). Al cabo de unos días, cuando su padre considere que ya tiene la destreza suficiente, dejará al niño solo. En los días siguientes, el niño hará sus propios descubrimientos. Probará varios métodos, cortará la leña demasiado gruesa —incluso puede que se lesione alguna vez— (¡HA!). Después, al cabo de unos meses, dominará esa habilidad. Cortará la leña a su manera (RI), pero tanto el tiempo que dedique a hacerlo como el tamaño de los troncos serán aceptables.

Cuando alguien quiere ahorrarse pasos, crea automáticamente una serie de problemas que se suman a las ya abundantes dificultades de cada etapa.

— Pascal Krieger, Jodô: la voie du bâton / The way of the stick

Volviendo al tema, no parece que sea un tema especialmente conocido, y una rápida búsqueda en internet os hará haceros una idea del nivel de profundidad con el que se suele tratar. De entre todas las lecturas que he realizado os recomiendo la siguiente: Structure Of Shu, Ha, Ri, and Penetration Of Shoshin. En ella, Chiba sensei afirma escribir sobre este tema para que sus alumnos puedan entender en que punto de su evolución se encuentran y hacia donde deben dirigir sus pasos futuros. Lo curioso de todo su discurso, y uno de los motivos por el que me resulta atractivo el texto, es que vincula la evolución que sugiere shuhari, con el concepto de shoshin (mente de principiante). Ésta última se corresponde con la actitud que debería tener alguien que se estrena en una disciplina que desea aprender y que se caracterizaría por la modestia, la obediencia, la sinceridad, la pureza y las ganas de seguir la vía. Quizás sea conveniente aclarar en este punto que, al menos tradicionalmente, el trayecto para conseguir dominar un budo se espera que sea largo en el tiempo (hablamos de varios lustros) y muy demandante en términos de esfuerzo y compromiso.
La clave de esta aparente contradicción reside en que shoshin, no es otra cosa que el estado mental requerido para el aprendizaje y que por tanto debe acompañar al practicante durante todo el camino, independientemente de su nivel o experiencia. De hecho, la pérdida de ese espíritu, supone el cese del crecimiento y evolución.
Centrándonos ya en la parte en la que Chiba sensei aborda shuhari, os destaco lo siguiente. Shu, la primera fase del estudio de un arte tradicional, se resumiría en estar protegido (por la enseñanza), observar (la enseñanza) y mantener la atención (sobre la enseñanza). Lo que sería propio de esta fase es el aprendizaje y la incorporación de los fundamentos mediante la repetición de los patrones mostrados, tal y como son mostrados. La duración de esta fase no está determinada y dependería de las capacidades tanto del alumno como del profesor y de la inversión de tiempo y esfuerzo que se realiza. Por su parte, Ha, la fase de ruptura, supone una etapa de autoafirmación, que contrasta con el total depósito de confianza en el profesor de la fase anterior. Técnicamente sería una fase de reconstrucción, eliminando todo aquello que sobra y dejando lugar a conocimiento nuevo. Aquí es donde tendría cabida la inclusión de elementos personales propios del shugyosa. Se trataría de un periodo de autoaprendizaje, todavía realizado bajo la tutela del profesor, y que requeriría una clara conciencia de las condiciones propias y una responsabilización sobre el propio aprendizaje. Por último, Ri, sería la fase en la que uno obtiene la consideración de maestro, con la independencia que eso conlleva.
Volviendo a Krieger sensei, más de dos décadas después de escribir el texto que os he compartido, le dedicó una nueva reflexión a este concepto en su libro sobre budô y caligrafía, ten jin chi. En los escasos tres párrafos del capítulo, realiza una excelente síntesis del concepto (ciclos en la evolución del dominio de una disciplina), pero lo que realmente me llama la atención son dos cambios que percibo en su enfoque. En primer lugar, aunque no deja el tono marcial, lo asimila más al aprendizaje de un oficio o de un arte, desprendiendo un carácter más humano, personal y menos rígido. En segundo lugar, cambia el foco pasando fugazmente de la persona que aprende a la persona que enseña. De hecho considero reveladora la frase con la que cierra el apartado:

"Aunque sea una ley natural, hace falta valor para despedirse de un discípulo."

Tengo que confesar que siempre me ha generado curiosidad la manera de cuantificar en tiempo cada una de estas fases. Tanto en el texto de Krieger sensei, como en el de Chiba sensei se mencionan una horquilla de años en los que se pasaría de una fase a otra. Imagino que será una estimación basada en su propia experiencia y dedicación y, en ese sentido, se trata de algo meramente orientativo, máxime si se tiene en cuenta que todas estas personas han dedicado mucho más tiempo que cualquiera de nosotros al desarrollo de su arte. 
Finalmente, en lo que a mi respecta, jamás he tenido la necesidad de romper o abandonar a ninguno de mis maestros y todas las separaciones que ha habido han sido naturales. No sé si eso quiere decir que nunca he pasado de Shû. También os confirmo que, salvando las distancias y en línea con la última reflexión de Krieger sensei, sí que hace falta valor para despedirse de un alumno con el que has compartido años y años de camino, y que siempre queda un sabor triste cuando abandona el camino. 

Bibliografía consultada:


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